Merendero Antonio Martín.


A. Martín ant..

Cuando el merendero ‘La Coral’ (nombre debido al apellido de la esposa de un joven de Algarrobo que se vino a Málaga a trabajar llamado Antonio Martín) abrió sus puertas, allá por 1886, apenas cuatro años después del ‘Gran Parada’ de Pedro Martínez en El Palo, nadie, ni sus humildes propietarios ni sus primeros clientes, bañistas que pululaban por la desgarbada zona de La Malagueta, podía ni imaginarse que 125 años después aquel pequeño local instalado en mitad de la playa cercano a los Baños de Apolo y de La Estrella iba a continuar abierto y, según todos los indicios, con más que excelente salud.

‘La Coral’ era un chambao de cuatro mesas y unas cuantas sillas de anea, según cuentan, y fue la prueba de fuego para Antonio Martín, quien conforme conseguía más y más clientes y cierta fama, decidió ‘ampliar’ el negocio y trasladarlo unos metros «más hacia Málaga» (era la forma de hablar de entonces) para poner los cimientos del merendero Antonio Martín, que al fin y a la postre conseguiría su fama internacional hasta el punto de que llegó a ser santo y seña de Málaga.

Antonio Martín que era licorero de las Bodegas Príes, ubicadas justo enfrente del chambao, en lo que hoy son los bloques de Cantó, se había hecho cargo del chiringuito al morir su esposa María Coral, y decidió cambiarle el nombre aprovechando para hacer visibles mejoras que tampoco fueron muy difíciles de realizar, sobre todo si tenemos en cuenta que la estructura de ‘La Coral’ estaba hecha a base de cajas de madera, palos hincados en la arena y un entramado de cables y cuerdas que servían de sostén para las esteras que cubrían del sol a los clientes. ‘A. Martín’ se llamó el merendero durante muchos años, aunque pronto el nombre lució completo en la fachada de un local que cada vez adquiría mayores proporciones y envergadura, a la par que su fama crecía dentro y fuera de nuestras fronteras.

Pero Antonio Martín ya emergía. La clase pudiente malacitana, asidua de los baños de la zona, comienza a ser habitual clientela, y años más tarde tuvo una enorme influencia en el lanzamiento de su popularidad la habitual presencia en el ya ‘Merendero Antonio Martín’, aún modesto pero en su actual ubicación, de famosos y personalidades que descansaban en el Hotel Príncipe de Asturias, en el palacio Miramar, inaugurado allá por 1926. Hecho fundamental en su publicidad nacional fue la presencia en el chiringuito de los reyes Alfonso XIII y Victoria Eugenia, y sobre todo el ‘encaprichamiento’ (lógico por otra parte) de la reina por los boquerones fritos, que solían servirse algunas veces en cartuchos para trasladarlos hasta el mismísimo hotel.

La fama surgida de los boquerones y de los chanquetes que se sirvieron a doña Victoria Eugenia, que le dio fama nacional, la presencia de toreros legendarios, la asiduidad del gran maestro Ordóñez y su calidad hizo de ‘Antonio Martín’ meca para los famosos que acudían a la Costa del Sol, entre otros muchos Orson Welles, Hemingway, Anthony Quinn, Ava Gardner, Brigitte Bardot … La presencia de la gran actriz francesa, icono sexual durante décadas de todo el mundo, provocó un gran revuelo, no sólo por su fama, sino por la propia Brigitte, que no era amiga del anonimato precisamente.

Las crónicas de la época comentaban jocosas un incidente que ocurrió en una de las ‘ampliaciones’ del mítico merendero: Antonio Martín aprovechó que hubo unas obras de desvío del tren denominado ‘la cochinita’ (el famoso tren que cubría la línea Málaga-Rincón -y que más tarde llegaría hasta Vélez-) y puso mesas y sillas sobre los raíles ya inutilizados. Por lo visto, al aparecer el tren haciendo sonar su silbato, los comensales que ocupaban el nuevo espacio huyeron despavoridos pensando que se les podía echar encima pasando un mal rato y tirando al suelo platos, vasos y botellas…

Antonio Martín fue creciendo en forma y en fama, y su regidor volvió a casarse en segundas nupcias, con María Segura, viuda como él, con la que tuvo más hijos, entre ello Álvaro, quien durante muchos años fue quien regentó el popular establecimiento y conformó parte del mismo: su figura de ‘gentleman’, alto y de buena planta, con el cigarrillo en la boca, junto a los famosos como Antonio Ordóñez ayudaron a engrandecer la leyenda del restaurante más conocido durante décadas de Málaga.

Su cercanía con la plaza de toros de La Malagueta hizo que los matadores que actuaban en la misma acudieran a ‘Antonio Martín’ a comer y a cenar, y los aficionados, sabedores de ello, durante décadas, llenaban hasta los topes las terrazas del chiringuito para estar cerca de sus ídolos. Antonio Ordóñez fue tan especial y habitual cliente de ‘Antonio Martín’, que su gran amigo Álvaro, heredero al morir su padre del negocio, decidió bautizar una de sus salas con el nombre de ‘Rincón de Ordóñez’, parafraseando el ‘celebre lugar’ de los morlacos donde el rondeño solía meter su espada en la hora suprema… El ‘Rincón de Ordóñez’, durante décadas atendido por por el célebre Manolito, uno de los camareros más populares de Málaga, que hoy regenta en un bar en la zona de Compositor Lembherg Ruiz.

Como ya hemos dicho, a Antonio Martín le sucedió su hijo Álvaro Martín Segura, y bajo su mandato el restaurante llegó a la cima, pero también a su ocaso.

Álvaro Martín, que mantenía su garbo y su estética pese al paso de los años, era un símbolo más de su propio restaurante. El ‘chambao’ había dado paso a un edificio en toda regla a pie de la playa, y cenar por la noche en verano al borde del mar, que casi besaba los pies de los comensales, era un privilegio que atraía a gentes de todo el mundo. Con Álvaro se incorporaron sus sobrinos, Mari Trini y Paco Regueira, y alguno de los nietos del vecino de Algarrobo que en 1886 fundara ‘La Coral’ para que lo atendiera su mujer, María Coral. Álvaro Martín falleció en Málaga a los 79 años hace exactamente diez años, concretamente el 23 de julio de 2001.

La crisis económica que sacudió a España en los comienzos de los años 90 y las circunstancias de la vida hicieron que problemas laborales sacudieran al restaurante, que cerró en 1994. Dos años después, en agosto de 1996 felizmente reabrió sus puertas con la misma denominación pero con una profunda reforma. Se había hecho cargo de la concesión de Costas el empresario hotelero y taurino malagueño José Luis Martín Lorca, quien creó nuevos espacios añadidos al ya citado ‘Rincón de Ordóñez’, como los salones dedicados a Matías Prats, Manuel Alcántara, Revello de Toro y Francisco Cortés ‘Pacurrón’, crítico taurino del diario Sur y asiduo cliente de Antonio Martín. En su salón, ‘Pacurrón’ se echaba las siestas en las tardes de toros de la feria de agosto en una costumbre a añadir de las muchas que jalonaban la historia del merendero/restaurante.

Antonio Martín sigue hoy abierto al público y goza de buena salud. Tiene nuevos propietarios y a su nombre ha añadido otro. Ahora es ‘La Moraga Antonio Martín’, con carta y diseño totalmente renovados y modernos, con espetos sin cañas, y con el gran Dani García (dos estrellas Michelín) al frente. La apertura de ‘La Moraga Antonio Martín’ se produjo en 2010 y con esta feliz apuesta se garantizaba la permanencia en el tiempo y en un espacio único uno de los restaurantes míticos, de los que suenan en toda España, que comenzó en 1886 siendo un humilde chambao con cuatro mesas y unas cuantas sillas de anea y unas esteras y hojas de palmera para cubrir del sol a los clientes en medio de una playa llena de jábegas, bolicheros y marengos…

De: Pedro Luis Gómez (Sur.es)

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3 respuestas a Merendero Antonio Martín.

  1. Juan F. HIDALGO dijo:

    Es tan bonito el reportaje, que no hay palabras para agrandarlo, soy de Alora, y, en sus tiempos de mi juventud, solía visitarlo con buenos amigos y muy arraigados del toreo.. seguir la misma línea. Juan F. HIDALGO

  2. Mmr dijo:

    Señor pedro luis gomez, el reportaje tiene algunos errores graves como decir que maria trinidad regueira y paco regueira eran sobrinos de Álvaro martin, no es asi, maria trinidad Regueira es la esposa de Antonio Martin Bujalance, nieto del fundador y paco regueira es hermano de esta. Maria trinidad llevó las riendas del restaurante en su última etapa (y de eso no se dice nada) y debido a la crisis de los 90, mas la mala gestion contable de Álvaro martin se fue a pique ya que se debia mas de 20 años a la seguridad social y a hacienda, y cuando eso se solventó llegó la crisis y una huelga de los empleados fue su final.

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